Javier
Javier creía que una joya debía estar bien hecha.
Cogía cada pieza y la sostenía un momento antes de decir nada. Notaba su peso. Abría y cerraba el cierre una y otra vez, hasta estar seguro de que no fallaría. Miraba los acabados a contraluz. Preguntaba si sería cómoda y si aguantaría el paso de los años.
