Nuestra historia

Dos formas de mirar una joya.

Abrimos en 1986 una joyería pequeña. Teníamos una idea sencilla y dos maneras distintas de mirar cada pieza.

Javier

Javier creía que una joya debía estar bien hecha.

Cogía cada pieza y la sostenía un momento antes de decir nada. Notaba su peso. Abría y cerraba el cierre una y otra vez, hasta estar seguro de que no fallaría. Miraba los acabados a contraluz. Preguntaba si sería cómoda y si aguantaría el paso de los años.

Elena

Elena creía que eso no era suficiente.

También tenía que significar algo. Ella miraba a la persona: para quién era la joya, por qué la estaba eligiendo, qué quería decir con aquel regalo y qué momento quería recordar.

De esas dos formas de mirar nació BELVÉR.

Él quería que durara.
Ella quería que se recordara.

Con los años

Lo que quedó de cada venta

Con los años, nuestras joyas acompañaron bodas, cumpleaños, aniversarios, primeros sueldos, viajes, relaciones, conquistas y nuevos comienzos.

Con los años dejamos de recordar muchas de las piezas que vendíamos.
Pero nunca olvidamos algunas de las historias.

Alguien que entraba con una fecha en la cabeza y no sabía cómo celebrarla. Alguien que buscaba algo para decir lo que le costaba decir. Esas historias se quedaban en la tienda mucho después de que se cerrara la caja.

Una joya no guarda una historia cuando sale de nuestra tienda.
Empieza a guardarla cuando entra en la tuya.

Hoy

Gracias por ser parte

Cuatro décadas después, seguimos mirando cada pieza como al principio: su peso, su cierre, su acabado y la persona que podría llevarla.

Y queremos daros las gracias, también a quienes nunca llegamos a conocer.

Fachada de la joyería BELVÉR con Elena y Javier delante del escaparate
BELVÉR, desde 1986

Nuestra historia empezó en 1986.
Pero nunca fue solo nuestra.

Cada persona que se llevó una pieza de BELVÉR escribió una pequeña parte que nosotros nunca llegamos a ver.

Gracias por leernos.

Elena y JavierBELVÉR

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